
Es otoño y es martes. Es otoño y el calendario marca que es veinte. Es otoño y he comenzado a caminar por todas esas calles donde no hay luz y por donde no me tropiezo con nadie porque nadie camina a estas horas por aquí… Estoy andando por estos lugares porque hace frío y porque ha empezado a garuar levemente, quizás es porque yo tanto lo he deseado o quizás es porque la tristeza sin garúa no tiene el toque que necesito para empezar a dejar de querer…
No lo sé, es tan de noche y tan de cielo, es como una mano vendada con una cinta oscura que derrite cada paso que yo antes daba, cada instante en donde yo sabia que la felicidad era tan corta y donde la tristeza me acompaña siempre como un caracolito aquí en mi hombro que me empuja a estos rincones oscuros, como si de pronto de mañana nada fuera lo que debió ser, como si las tantas charlas y caricias que no existieron en un instante dejaran de tener el valor y la ternura que antes tenían. Una palabra, una mentira… Sólo bastó que me mintieras una sola vez para saber que siempre me mentías y cómo no hacerme el tonto después de eso, cómo no sonreír y comentar que nada era tan alegre a tu lado, que nada es suficiente cuando la extrañeza es algo tan insoportable cuando no asomabas con alguna palabra, mientras por dentro todo se deshizo como en el acido mas terrible, todo se convirtió en arena y en miles de kilómetros, todo se convirtió en mi nombre solitario en minúscula… Y dejarte de querer fue la única opción que tuve de repente, dejarte fue una tristeza más de las tantas acumuladas que alimentan a ese caracolito que se agranda en mi hombro diciéndome lo que hay que hacer, lo que es simple y complicado, lo correcto y lo desigual…
Yo siempre he pensado que es complicado volver a querer nuevamente, por lo menos yo elijo siempre (o quizás me elige a mí) la opción mas difícil, la que menos chance tengo y desde hace mucho pareciera que soy un imán para esas situaciones, como si de pronto el caracolito quisiera enseñarme que debo aprender más, a sentir que nada es fácil y que aun no es mi momento. A la larga siempre terminé por desistir de querer porque de pronto ella ya tenía novio, o porque estaba lejos o se iba lejos, porque tenía otro credo o simplemente porque en el fondo dejó de ser lo que era para mí… Y en todas esas situaciones jamás pude jugar sucio para sacarle la vuelta al momento y quedarme dentro de esas personas, jamás pude ser el héroe que usa fuego y aviones para ganar… Y ahora otra vez, como siempre de nuevo sucedió, ahora como si todo fuera un círculo vacío y estupido me choqué con que de nada sirve el querer cuando no hay otros factores que lo hagan funcionar, es como hacer un cuadro solamente teniendo la pintura, sin pincel, ni sopor, sin nada… Seguro muchos al leer esto dirán que soy un pesimista, un torpe que solo busca la desesperanza para empezar otra vez, que no es tan fácil dejar de querer y colorear tantas cosas que de pronto dejaron sin nada a ese nombre, quizás a la larga tengan razón, pero no importa, no importa los nombres ni las tantas canciones desiguales, ya no importa nada, porque este cielo limeño se siente por primera frío después de tantos meses y me acompaña mientras puedo caminar en paz, escondiendo mis manos en mi abrigo y despeinando mis ojos con alguno que otro semáforo que se estaciona en mi vista para de repente desaparecer y seguir caminando… Es tan triste todo que me alegra, siento que otra vez pude dar un paso más a lo que soy…
Por eso hoy dejaré de querer, cambiaré mi nombre y derretiré palabras e imágenes como castillos de hielo encima de un hervidero... Es difícil y a la vez fácil para mí, simplemente dejo de pensar, arrincono el cariño hasta el sótano del desinterés y busco nuevas imágenes amontonando mis días con acciones desmedidas que puedo ir soportando de golpe. Es crudo, quizás irreal, pero a mí me funciona...
Pero por ahora en este instante voy a pensarte un poquito más hasta llegar al mismo puente que conduce a mi casa, y así mañana o la próxima que nos topemos, ya no será lo mismo, ya no… Todo será una casa vacía, una habitación perdida del hotel… Y así por fin este otoño me conducirá a un invierno que espero hace mucho… muchísimo tiempo…